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Autor del documento: Arnaldo Zenteno

Origen: CEB

 

El Espíritu Santo y su actuar, estuvo muy presente en la vida de Jesús, pero muchas
veces hoy en la vida de los cristianos eso no nos dice nada, pues muchas veces
actuamos, sin conocer nada del espíritu santo, sin dejarnos guiar por el espíritu quien
fue el que guió el actuar y vivir de Jesús de Nazaret, así como guió y animó a las
primeras comunidades, para impulsarlas a seguir caminando.

Memoria del primer día del Encuentro Latinoamericano y Caribeño de CEBs. realizado en San Pedro Sulas, Honduras, CA, entre el 16 y 21 de junio de 2012. Registra de esa instancia: objetivos, tema, lema, cantidad de participantes, la Celebración de Apertura, el título del tema tratado y la integración de participantes a través de conformación de grupos y espacio festivo - cultural de la tradición garífona. Excelente y emotiva relatoría. Ideal para aproximarse a la historia del caminar de las CEBs. en el continente y para afianzar la espiritualidad. Sirve además como herramienta para preparar Encuentros.

 


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Tema central: 1. Identidad de las CEB

Autor: Equipo de Secretaría del Encuentro Latinoamericano y Caribeño de CEBs.

CD con documentos del obispo Óscar Arnulfo Romero escritos antes de su asesinato a manos de paramilitares en El Salvador. Una recopilación del Equipo de Articulación de las Comunidades Eclesiales de Base.

 

El CD está disponible en la librería de las CEB, en el Distrito Federal, México.

La Diakonia en el relanzamiento de las Comunidades Eclesiales de Base Latinoamericanas

A diferencia de lo que muchos analistas piensan y no pocos hermanos de  la Iglesia católica desean, las comunidades eclesiales de base (CEBs) en  América Latina y El Caribe están vivas. Es verdad que no tienen el  brillo mediático de los años 70 y 80 del siglo XX, pero están pasando  por un profundo proceso de revisión que se viene expresando desde 2008  en dos palabras clave: “relanzamiento” y “articulación”.
Este artículo se ha escrito como un testimonio reflexivo de sus autores,  en tanto miembros- asesores del “Servicio de Articulación Continental  de las CEBs” de América Latina, El Caribe y Norteamérica . Siguiendo el  conocido esquema de “Ver, juzgar y actuar”, en este escrito se comparte  y explica la experiencia tenida a través de este nuevo esfuerzo de  acompañar a “la Iglesia que nace en y de la base” , dando testimonio de  la fuerza capilar del Espíritu que se cuela a través de incontables e  ignotas pequeñas comunidades cristianas, imposibles de registrar dentro  del sistema de inventario con que actualmente disponemos, como tampoco  es posible justipreciarlas dentro de los cánones matemáticos de la  sociología funcionalista de la religión, que se contenta con  contabilizar el número de templos, la asistencia a misa o la cantidad de  bautismos registrados y comuniones distribuidas.

En los últimos meses la Teología de la Liberación ha saltado a la opinión pública: la prensa, la radio, la televisión hablan de ella. Los nombres de algunos de sus teólogos (Boff, Gutiérrez, Sobrino...) se han hecho famosos. Desde Roma se han publicado documentos sobre la  teología de la liberación y a Roma han sido llamados algunos de sus  teólogos. Esto ha provocado una gran polémica, que ha trascendido los límites de los sectores eclesiásticos, los últimos ordinariamente interesados en estos temas. Ahora las agencias noticiosas especializadas en temas políticos son las primeras en lanzar comunicados sobre la Teología de la Liberación. Se pueden ver en algunos  periódicos titulares  sensacionalistas como: "Roma condena la Teología  de la Liberación". También aparecen numerosos artículos en su defensa. No deja de ser sintomático que los constantes enemigos de la Teología de la Liberación y los que manipulan las noticias en contra de ella, pertenezcan a los países opulentos del mundo y a los sectores más ricos de la sociedad, mientras que sus defensores sean ordinariamente personas comprometidas con los sectores populares. Más aún, como veremos luego, documentos de política de USA consideran a la Teología de la Liberación como peligrosa para sus intereses.

¿Qué es esta teología que provoca tanta polémica? ¿Cómo es que apasiona tanto a unos sectores para criticarla y a otros para defenderla? ¿Qué es lo que aquí está en  juego? ¿Por qué otras teologías no interesan más que a unos pocos y esta  teología se ha hecho tan popular? ¿En qué consiste esta teología? ¿De qué trata? ¿Dónde y cómo ha nacido? . Y antes de esto ¿qué es teología?

A todas estas cuestiones intentaremos responder en estas páginas, de forma clara y sencilla.

Hay cristianos sin Iglesia, hay creencia sin pertenencia eclesial. Otros  sectores eclesiales que no llegan a darse de baja de la Iglesia, viven  un sentimiento de impotencia, rabia, dolor, miedo, silencio y tristeza  eclesial. Las mujeres, en especial, se hallan en una situación límite en  la Iglesia, con el riesgo de que la Iglesia, que en siglos pasados  perdió a los intelectuales y a los obreros, ahora pierda a las mujeres.  Algunos afirman que “otra Iglesia es posible” y hay quienes postulan un  concilio Vaticano III. Otros creen que esta situación ya no es  sostenible por más tiempo, es explosiva y algún día reventará… 
Es verdad que esta crisis eclesial no es uniforme: se constata sobre  todo en el primer mundo, más fuertemente en Europa y de un modo especial  en España3. Pero aun en el tercer mundo y más concretamente en América  Latina, desde donde se escriben estas páginas, hay síntomas claros de  que esta situación está también llegando tanto a sectores de cristianos  conscientes como al mundo de los jóvenes. No podemos desconocer tampoco  que muchos grupos populares de América Latina abandonan de hecho la  Iglesia Católica para ir a las sectas, mientras que otros grupos se han  alejado de la práctica de la Iglesia y viven un divorcio entre su fe y  su vida. La Iglesia se ha convertido en un problema, un escándalo, un  impedimento para la fe, un signo de contradicción.

En estas notas simplemente trato de revertir a ustedes con laguna  organización y quizá algunos pequeños aportes algo provisionales, lo que  ya he escuchado del propio proceso de una diócesis tan  decididamente  vuelto a irse viviendo y organizando como Iglesia de los pobres.
Trato de distinguir lo que es una línea clara y adquirida, de lo que son  importantes cuestiones a ir reflexionando en la práctica.
Me parece muy importante anteponer esta introducción con algunas  reflexiones acerca de cómo surge un nuevo modelo de Iglesia, cuáles son  sus elementos constitutivos centrales y cómo puede ser el proceso de  realización de ese nuevo modelo. Se trata de reflexiones genéricas que  todavía no se refieren directamente al modelo de la Iglesia de los  pobres, sino a cualquier cambio  de modelo.

Hablando de la oración, Teresa de Jesús comenta varias veces la  tentación de «abandonar la humanidad de Cristo», por la sospecha de que  ir directamente a Dios sería más perfecto. Y responde con una espléndida  reivindicación de lo humano de Jesús: «por esta puerta hemos de entrar  si qeremos nos muestre la soberana Majestad grandes secretos». De tal  modo que si alguien cree que «esto de apartarse de lo corpóreo, bueno  debe ser», sepa este tal que «no ha de entrar en esta cuenta la  sacratísima humanidad de Cristo». Advierte que eso es como «andar el  alma en el aire... que no trai arrimo». Y señala el peligro de una  oculta falta de humildad, arguyendo que «los asnillos, para traer la  noria del agua... aun cerrados los ojos y no entendiendo lo que hacen,  sacarán más agua que el hortelano con toda su diligencia».
En la vida y la historia de Jesús aparecen unas cuantas parejas (de  actitudes, de palabras, de reacciones provocadas...) que la  investigación histórica da hoy como científicamente garantizadas, más  allá de la historicidad concreta de los pasajes que las encarnan. Las  reduciré a siete, sin ningún afán de exhaustividad.

Lo fundamental de esta primera parte, de corte más bien filosófico, es  que el nihilismo occidental que vamos a examinar, y que caracterizaré  como un nihilismo light o descafeinado, es un fenómeno derivado del  cristianismo como proceso histórico y de una historia a la que se  concede entidad, autonomía y sentido.
Creo que no es concebible ese nihilismo nuestro en las religiones de  Oriente (pese a que Nietzsche considerase al budismo como nihilista): el  hecho de que esas religiones nieguen toda entidad a la historia  parecería una fuente de nihilismo, pero no actúa así porque esas  religiones son vividas al margen de la historia. El islam parece una  religión más vuelta a la historia: pero la falta de autonomía de ésta y  su concepción teocrática impiden todo nihilismo. En cambio, es en la  tradición judeocristiana –con una religiosidad vuelta a la historia, con  una historia dotada de entidad, llamada a crecer y progresar y  sumergida en el marco de una Promesa– donde puede nacer el nihilismo que  vamos a considerar.
En efecto: el cristianismo, por así decir, “abre los ojos” o el deseo  del mundo occidental (progreso, valores de libertad y fraternidad...)  desacraliza al mundo dando entidad a la realidad y a la historia, y pone  a ésta en manos del hombre, formulando –ya desde el siglo II– que los  humanos hemos sido creados «para crecer y progresar» (S. Ireneo). Por  eso hay quienes, desde fuera de él, han calificado acertadamente al  cristianismo como «la religión del fin de la religión».
Ahora bien: la promesa cristiana no parece cumplirse o no es bien  digerida. Y provoca una sensación parecida al suplicio de Tántalo:  siempre casi tocando la gota de agua que calmaría su sed ardiente, pero  sin conseguirla nunca.
Eso es lo que intentaré mostrar con una rápida selección de textos: que  nuestro nihilismo es postcristiano y postmoderno. Veamos ese proceso a  través de algunos textos.

Al hacer este diagnóstico, no damos carácter de síntoma a la pésima  imagen que suelen dar de la Iglesia los medios de comunicación, los  cuales, por lo general, sólo hablan de ella para comentar algún  escándalo (preferentemente de índole sexual o, si no, de carácter  económico, o de reales o  upuestas peleas internas). Esta pobre imagen  es sólo espuma, con menos entidad del espacio que ocupa. Y ello es así  unas veces por aquella regla clásica del periodismo de que sólo es  noticia lo estrambótico; y otras por el dato más serio de que –por mucho  que lo nieguen– los medios están en realidad al servicio del dinero y  no de la verdad. Pero este detalle es ahora poco significante. Más  sintomático es, en cambio, el modo de reaccionar la Iglesia ante las  críticas que recibe: una reacción siempre defensiva, que la lleva a  considerarse injustamente atacada o perseguida, sin parar ni un minuto a  preguntarse si habrá hecho algo mal o habrá dado algún pie a esas  críticas enconadas.
Incluso, los medios, emisoras o redes de comunicación en propiedad de la  Iglesia parecen hablar única y exclusivamente “pro domo sua” (si se nos  permite la clásica expresión ciceroniana), más que para informar  objetivamente. Esta incapacidad de recibir serenamente la crítica y  examinarse ante su  señor, nos parece la mayor señal de la crisis. Y  lleva a que, cuando la crisis se reconoce, sea sólo para echar toda la  culpa de ella a la maldad del mundo exterior, y añorar en silencio una  antigua situación de poder eclesial y de cristiandad.

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